Miles de personas despidieron a ‘bendito menor’: ¿admiración, miedo o normalización del crimen?
Miles de personas salieron a las calles de Riohacha para despedir a alias ‘Bendito Menor’. Más allá de las imágenes multitudinarias, el episodio deja una pregunta incómoda que merece una reflexión profunda: ¿por qué una parte de la sociedad termina admirando, justificando o incluso convirtiendo en héroes a personajes vinculados con estructuras criminales?
No existe una sola explicación. Hay una mezcla de pérdida de refer
entes, normalización de la violencia y falta de empatía frente a quienes padecen directamente el accionar de estos grupos. Mientras algunos construyen alrededor de estos personajes una imagen de poder o protección, están las víctimas: comerciantes extorsionados, familias amenazadas y comunidades que han tenido que convivir con el miedo.
También persiste en Colombia una cultura de la “traquetización” que durante décadas convirtió al narcotraficante y al hombre armado en símbolos distorsionados de éxito. Pablo Escobar fue quizá su máxima representación: dinero, poder, armas y desafío a la autoridad presentados como sinónimos de triunfo. Décadas después, esa narrativa todavía encuentra terreno fértil.
Alrededor de alias ‘Bendito Menor’ también se construyó entre algunos sectores el relato de que “luchaba por la gente” y perseguía a otros delincuentes. Ese discurso puede resultar atractivo en territorios donde existe desconfianza hacia las instituciones, pero encierra una peligrosa contradicción: combatir criminales mediante organizaciones armadas ilegales no convierte automáticamente a sus integrantes en representantes de la justicia.
A eso se suma el poder de la fama. Las redes sociales, los videos, las historias y hasta la estética asociada al mundo criminal pueden transformar a sus protagonistas en personajes de espectáculo. La frontera entre informar, sentir curiosidad y terminar glorificando al victimario puede hacerse peligrosamente delgada.
También sería equivocado concluir que cada persona que acudió a la despedida lo hizo por admiración. En una multitud pueden existir familiares, amigos, curiosos y personas movidas por razones distintas. Pero cuando alrededor de un personaje asociado a la criminalidad aparecen expresiones abiertas de exaltación, la sociedad sí debería preguntarse qué valores está transmitiendo.
El verdadero problema no es solamente alias ‘Bendito Menor’. Es una cultura que corre el riesgo de recordar el poder del victimario y olvidar el rostro de sus víctimas. Cuando el miedo se convierte en respeto, la violencia en prestigio y el delincuente en héroe, algo profundamente preocupante está ocurriendo en nuestra sociedad.








