Opinión

Chinú: un destino turístico por construir

Por: Andrés Felipe Vásquez

El desarrollo económico de un municipio pequeño, siempre trae a la discusión el tema de la agricultura, el comercio, lo público… sin embargo, hay una actividad que mueve todo el mundo de los servicios, restaurantes, hoteles, comercios, producción manufacturera, cultura y empleo local: EL TURISMO. Basta reconocer casos como el de Guatapé, donde sus particularidades naturales, históricas y culturales atraen turistas todo el año. Al principio era una gran piedra, hoy es todo un conjunto de atractivos alrededor de lo que la naturaleza les dio. El ejemplo es solo ilustrativo, la pregunta que nos debemos hacer es:

¿Qué tiene Chinú para atraer visitantes y lograr que permanezcan, consuman, conozcan nuestra historia y regresen?

La esperanza es real y debe construirse con una política pública seria, pues Chinú sí tiene mucho, hay historia, tradición indígena, cultura, gastronomía, artesanías, música, poesía, agricultura y una ubicación privilegiada sobre la Troncal de Occidente. Pocos municipios cuentan con tantos elementos reunidos en un mismo territorio.

Nuestra tradición zenú puede convertirse en uno de los pilares de esa propuesta. Por ejemplo, el municipio necesita un espacio digno en el que se honre esa memoria: un centro cultural o museo que explique quiénes habitaron este territorio, cómo se organizaban, cuáles eran sus costumbres, qué papel desempeñaron sus caciques y cacicas y de qué manera su legado continúa presente en nuestra identidad. Ese lugar podría reunir piezas, reproducciones, documentos, relatos orales, artesanías y experiencias pedagógicas. Sería un sitio para los turistas, pero también para que nuestros niños y jóvenes comprendan de dónde vienen.

Otro elemento fundamental es la tradición del calzado. Chinú ha sido reconocido durante décadas por el trabajo de sus zapateros y artesanos. No se trata solamente de una actividad económica, alrededor del calzado existe una cultura, un conocimiento transmitido entre generaciones y una parte importante de la identidad municipal. Por eso, en las carreteras de acceso deberían levantarse arcos o portales que anuncien con orgullo que el viajero está entrando a la tierra del calzado. Desde ese momento debe comenzar la experiencia del visitante.

La Feria Nacional del Calzado que ya se hace, tiene que crecer hasta convertirse en una celebración capaz de atraer personas de distintas regiones del país. La feria comercial debería estar acompañada por una verdadera fiesta de la tradición zapatera, me refiero a exposiciones artesanales, muestras sobre la fabricación del calzado, concursos de diseño, desfiles, reinados, carrozas alusivas a este oficio, música, gastronomía y reconocimientos a los zapateros. Quien venga a Chinú, debe tener la oportunidad de ver cómo se fabrica un zapato, conversar con los artesanos, comprar directamente sus productos y llevarse una experiencia junto con ellos.

La gastronomía también comienza a convertirse en una razón para visitar el municipio, restaurantes como Mayapo, Córdova y Kotuna demuestran que en Chinú puede desarrollarse una oferta capaz de atraer comensales de otras poblaciones. El visitante ya tiene opciones para comer rico y de calidad. Crear una ruta gastronómica que incluya restaurantes, comidas tradicionales, dulces, productos derivados del marañón y los reconocidos quedadillos que todos los días un viajero se detiene sobre la Troncal de Occidente para comprar.

El marañón merece una consideración especial, es parte de la memoria agrícola y económica de Chinú. Alrededor de él pueden desarrollarse productos gastronómicos, bebidas, dulces, muestras campesinas, recorridos por cultivos y actividades que expliquen su historia. Ya contamos con una fábrica donde trabajan decenas de mujeres en la producción del marañón y solo este producto ya nos puede dar un recorrido para un turista.

Hay algo también que siempre he tenido en mente y es sobre el monumento de la abarca. Siempre que paso por ahí, hay una persona o una familia que se detiene a tomarse fotos y a observar el monumento, esa realidad espontánea demuestra que allí existe una oportunidad. En sus alrededores podría construirse un pequeño centro comercial artesanal, ordenado y agradable, con mesas, zonas de descanso y establecimientos para vender calzado, quesillos, souvenirs, artesanías, alimentos y productos derivados del marañón. El monumento dejaría de ser únicamente un objeto para contemplar y se convertiría en el centro de una experiencia comercial y cultural.

Nuestros grandes eventos culturales también deben ocupar un lugar central. El Encuentro Nacional de Declamadores y Poetas de Chinú constituye una de las expresiones más valiosas de nuestra identidad, no en vano nos conocen como “La Casa grande de la Poesía”. No todos los municipios pueden presentarse como tierra de declamadores ni poseen una tradición oral de esa naturaleza. El encuentro debe fortalecerse, proyectarse nacional e internacionalmente y dejar de ser visible solo durante los días de su realización. Durante todo el año pueden organizarse recitales, talleres escolares, rutas literarias, exposiciones y actividades que mantengan viva esa herencia.

Lo mismo debe suceder con el Festival de Acordeoneros y Compositores. La música vallenata, la composición y la interpretación del acordeón forman parte de la cultura del Caribe colombiano y pueden atraer visitantes si el festival se organiza con calidad, continuidad y suficiente promoción. Los eventos de Chinú no deben competir entre sí ni permanecer aislados: deben integrarse en un solo calendario cultural anual que les permita a los visitantes saber cuándo venir y qué encontrar en cada época.

También debemos atrevernos a recuperar lugares olvidados. El deteriorado Pozo de Molina podría ser objeto de una intervención arquitectónica, paisajística e histórica que le devuelva dignidad. En lugar de resignarnos a verlo desaparecer, podemos imaginar allí una obra bien concebida, con zonas verdes, iluminación, espacios para el descanso y una narración que explique su importancia para la memoria colectiva.

Nuestra ubicación sobre una de las principales vías del Caribe es una ventaja extraordinaria. Miles de viajeros pasan constantemente frente a nosotros. El reto consiste en dejar de ser solamente un lugar de paso y convertirnos en un destino. Para conseguirlo debemos construir una experiencia que reúna nuestra historia indígena, la tradición del calzado, la declamación, el acordeón, el marañón, la gastronomía, los quesillos, los monumentos y la memoria de nuestros espacios.

Chinú tiene todo para avanzar hacia el turismo, es la Ciudad Luz, la tierra de declamadores, el hogar de artesanos, de agricultores. Somos herederos de una historia que merece ser contada y protagonistas de una cultura que puede ser compartida con Colombia.

Lo que falta no es identidad ni talento, falta creer colectivamente en esa posibilidad y convertirla en una política pública seria. Si somos capaces de organizar nuestras virtudes, cuidar nuestros espacios y proyectar con orgullo lo que somos, Chinú dejará de preguntarse qué puede ofrecerles a los turistas. Serán los visitantes quienes descubran que aquí había, desde hace mucho tiempo, un destino esperando ser construido.

Related Articles

Back to top button